domingo, 8 de marzo de 2009

felicidad.

1. A veces me pregunto qué decisiones fueron las que tomé para llegar a este momento. Quisiera saber cómo, para repetir el proceso toda mi vida y ser feliz siempre. La felicidad es un estado temporal, creo yo. No es permanente ni inexistente, como muchos creen. Yo la he probado, gozado y experimentado. La felicidad existe, está allí, pero cuidado, porque así como vino, así, más fácil, se puede ir.

Puedo decir que no me arrepiento de las cosas que he hecho porque ahora tengo la satisfacción de decir que estudio lo que quiero, hago lo que mi vocación me indica y estoy con quienes amo. Sin embargo, he tenido muchos traspieces. Hechos que me han sucedido últimamente que me han causado más de una lágrima caída en mis mejillas y la sensación de un nudo en mi garganta y un dolor en el estómago por no poder hacer nada. La impotencia.

Pelear con un amigo, fortalecer los lazos con otro, ver el corazón de uno más y poder llegar a otro. Hechos como esos me llevan a momentos circunstanciales en los que me siento triste y, en los mejores casos, feliz.

2. Hace unos días me pasé toda la noche vomitando. Unos dicen que es por el estrés, otros que por algo que comí... o por lo que no comí, otros que simplemente me tocó limpiar mi organismo. No sé, el hecho es que fueron dos días terribles luego de haber pasado una semana con gripe, en cama. ¿Felicidad? Ja, no mientras tengo mi cabeza dentro del inodoro.

3. Olvidé el cumpleaños de mi mejor amiga de la infancia y ni siquiera por despistada, como suelo ser, sino por trabajar toda la noche y dormir durante el día, tanto que me llevó a un estado de cansancio y malestar (provocado también por los vómitos) que me impidieron asistir a su fiesta.

Compartimos comida en el refrigerio, el sitio en el bus de paseo, nos sentábamos juntas en clase y hacíamos las tareas, muchas veces, en su casa. Su casa era linda, es linda. Recuerdo que cuando era niña era mi casa favorita, creo que nunca se lo dije. Era demasiado acogedora a comparación de las que siempre había visitado. Incendiamos un trapo de cocina una vez, tratando de hacer chocolates... Eran días felices, simples, pero felices. Mi mejor amiga de la mejor época de la vida... Nada más espero que no se haya molestado; igual, la compensaré. Sí, eso haré.

4. Discutí con uno de mis mejores amigos por un tema que nunca debió siquiera ser excusa para pelearnos. El dinero puede ser muy sucio y cada vez lo detesto más. Provoca problemas, incidentes, desastrosas consecuencias... No sé cómo hacer para arreglar las cosas. Él actuó mal, yo respondí igual. Ya pensaré en algo, en cómo contentar a un chico tan complejo emocional y psicológicamente... un tipo como él... bueno, complicado, caritativo, irresponsable, malcriado, amable. Como todos, con defectos y virtudes, sólo que con una diferencia. Él nunca deja de estar allí, nunca.

5. No tengo sueño, son casi las cuatro de la mañana y no puedo dormir. Tengo que escribir la nota de prensa... mañana comprar los materiales para la escenografía... antes recoger el dinero para ésta... hay mucho por hacer y poco tiempo para actuar. Pero si de algo estoy segura es de que todo saldrá bien. Trabajo con gente que admiro desde pequeña y con los seres que más estimo en mi vida. Me irá bien, nos irá bien. Lo sé, lo siento. Y eso, eso me hace sentir bien... me hace sentir feliz.

martes, 3 de marzo de 2009

pesadilla.

Grita y nadie la escucha. Está al fondo de un pozo, arrodillada sobre el suelo mojado, esperando que alguien venga a socorrerla. ¿Cómo llegó ahí? Las lágrimas corren por sus mejillas y sus ojos brillan y tiemblan sin saber cómo ocurrió.

Era infeliz. Pasaba los días tratando de ser la mejor en lo que sea parte y trataba de no fijarse en eso especial que le faltaba, sabía que nunca lo iba a tener; así que, ¿por qué sufrir y pensar en cómo conseguirlo si ya había probado que era imposible?

Tenía las rodillas adoloridas y frío en todo el cuerpo. Sin embargo, por alguna razón, no intentaba salir del pozo, prefería quedarse ahí, sola.

No le agradaba. No le gusta cuando las personas están atrás, cuando le hacen sentir necesidad por quitárselas de encima. No le contestaba el teléfono y trataba de no acercársele mucho, sospechaba que quería algo más. La llamaba durante todo el día y le cansaba, o al menos eso pensaba.

Veía a su alrededor y trataba de encontrar la forma de acabar con esa desesperante situación. Darse contra la pared o quedarse ahí, esperando a morir de hambre… o de tristeza.

Llegó el día en que ya no estaba. El teléfono había dejado de sonar y, por alguna extraña razón, empezó a sentir un vacío. Estaba tan acostumbrada a que forme parte de su vida, aunque finja no quererlo. Cuando desapareció sintió su ausencia, empezó a extrañar y sentirse sola.

Morir de tristeza, ¿es eso posible? Si lo fuera le sucedería, o al menos estaría moribunda. No tenía idea, pero quería que, sea como sea, suceda rápido, sin dolor, ya había tenido suficiente. Miraba hacia arriba por pura curiosidad, mas no por buscar luz, pues no le importaba, había decidido quedarse ahí, en el fondo del pozo, a su suerte.

Había decidido ser feliz, sin importar cuán difícil sea, quería serlo. Formaba parte de su vida como nadie lo había hecho. Había descubierto otro lado de sí misma que había estado escondido, pero que se dio cuenta de que era hermoso y que sólo había estado esperando que lo muestre a los demás. Su risa, sus alegrías y triunfos eran los suyos, no necesitaba nada más que eso. No pensaba en otra cosa todo el día y todo lo que hacía era por darle más momentos felices, pues también lo eran para ella.

Estaba sentada abrazando sus piernas, pensando en cuánto duraría ese martirio, cuántos días se quedaría ahí, triste y sola, llorando por algo que no fue y le hizo pensar que hizo todo mal, que a veces querer demasiado no es lo mejor, sino todo lo contrario.

Pensaba que todo estaba bien, que la felicidad era mutua pero resultó que la otra ajena a ella era fingida. No era feliz, no lo era, y no le había dicho nada, esperó a que duela, a que le hiera como nada nunca lo había hecho en su vida. Le dijo que no era ella, que quería más pero no podía dárselo. Y era verdad. Corrió sin mirar atrás, no escuchaba nada, no podía ver nada, simplemente corría, esperando poder escapar.

Recordaba los momentos que compartieron, aquellos inolvidables días que para ella fueron los mejores de su vida, pero que ahora le causaban el dolor más grande. Seguía en el pozo, recordando, llorando, sentada en el fondo.

Estaba sola en su habitación, había despertado llorando con desesperación y tratando de saber qué había hecho mal. Sólo había amado, qué podía haber de malo en eso. La noche anterior tomó y se embriagó. Todo estaba borroso y no recuerda lo que sucedió después, durante la noche. Es de mañana y la cabeza le explota, su cuerpo desprende un olor insoportable y su habitación también. Es como si estuviera expulsando algo muy malo, algo que le hacía daño, pero que también era su más grande alegría, su más grande amor, pero que ahora no era nada. Se sentía engañada, despreciada, sola y utilizada. Sin embargo, porque dentro de ella aún había una esperanza, miró el celular. Estaba ahí, sin repicar, nunca más lo haría, su nombre no volvería a aparecer en la pantalla. Se quedó mirándolo por un momento, con ansiedad en su mirada. Nada, no volvería a llamar, ya no era parte de su vida, otra vez. De pronto, ese vacío volvió a invadir su mente, volvió a sentirse sola.