viernes, 3 de abril de 2009

hoy escribo.

1. Me levanto, salgo y llego temprano. Me voy a comprar lo que falta para que nada esté a última hora y enrumbo a mi casa a recoger algo importante. Veo el reloj, falta más de una hora. Llegaré a tiempo. De pronto, las calles son invadidas por numerosos autos que tocan el claxon haciendo del tráfico algo insoportable. Veo el reloj con nerviosismo y mi estómago se revuelve. Mi celular no deja de sonar y trato de explicar que estoy llegando, llegaré a tiempo, nada más necesito que confíen en mí. Estaba a punto de cargar todo y llegar caminando, tal vez así hubiera sido más rápido.

Me pasé el día tratando de llevar la fiesta en paz y evitar cualquier falla. No es nuestra culpa, pero ellos dicen que sí... no lo es. Pienso molesta pero sabiendo que en realidad no es culpa de nadie. Las cosas sucedieron así y los cambios fueron varios, pero me pongo en su situación por haber estado en sus zapatos antes y comprendo. Actúo, pero a veces soluciono tarde.

Me putea por teléfono y trato de calmarla. Llegaré, a las justas, pero lo haré. Necesito que confíen en mí. Puedo tardar, pero no nunca llegar. No fallaré, no lo voy a hacer.

Los autos comienzan a avanzar y la veo en la puerta. Toma las cosas y yo pago el taxi. Cuando entro todos parecen más calmados. El problema está resuelto. Justo a tiempo.

2. Hace una semana que no aparezco por ahí. Me llaman para saber si estoy bien y por qué no he ido. Trabajo, respondo. Sin embargo, no es suficiente. Los profesores no entienden, sólo jalan. No todos, pero sí varios. Los grupos, felizmente, esperan, y no me sacan.

Hoy despierto e intento ponerme al día. Escribo, doy formato, imprimo, leo, investigo. Me pongo al día.

La llamo y me disculpo por no haber ido, para mi suerte aún no han terminado. Aún puedo colaborar y no quedarme fuera.

3. Su celular suena y al fin me contesta. Hablamos un rato y le digo cómo me siento, cómo me fue ayer, cómo pienso que me irá hoy. Le hago las mismas preguntas y conversamos largo rato. Se tiene que ir, así que me deberá colgar. Te llamo luego, me dice. Me quedo sola mirando el celular y cómo sale en pantalla la duración de la llamada. Quiero que me llame y conversar más, pero no puede y yo debo trabajar. Me hace sentir sola y con muchas responsabilidades encima, para asumirlas todas completamente sola. Sé que no es así... que hay mucha gente dispuesta a ayudar, pero igual, al colgar el teléfono me sentí sola.

4. El baño tiene un olor extraño. No supe qué era hasta que él me lo aclaró. Sentí rabia porque justo eso es lo que quiero cambiar. Que sea parte de esto no quiere decir que algún día haré lo mismo, sino todo lo contrario, sueño con cambiarlo. Detesto los estereotipos, y me jode ser uno de ellos ahora. Quiero ser yo, yo en eso que tanto me gusta, pero que también tanto quiero cambiarlo.

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