
Una o dos horas más tarde, todos estábamos en el auto en camino hacia la Granja Villa. Yo esperaba poder bañarme bajo el honguito rojo y subirme a los carritos yo solita, sin guía. Eran dos amigas y yo. Ana Sofía y Elba, Sayuri no había podido ir. Las tres teníamos nuestra pulsera, esa que te dejaba entrar a todos los juegos hasta las cinco de la tarde. Jugamos todo el día y recuerdo que nos encontramos con dos amigos del colegio, pero no jugamos juntos. Almorzamos pollo a la brasa con papas fritas en esas canastas naranjas y amarillas que me encantaban del restaurante de la granja y, además, gaseosa en los vasitos con dibujitos para los niños. Saltamos en las camas saltarinas, comimos hasta llenarnos, subimos a los carritos, en realidad, mucho más no recuerdo. Pero sí tengo clara la imagen de mi mamá comprándonos souvenirs en la tienda de afuera, donde llevamos lapiceros, llaveros y hasta cadenas con el pollo de la Granja Villa.
Mañana cumplo 20 años, pero no tengo ni la más mínima idea de qué hacer. He pasado los dos últimos años de mi vida trabajando todo el día y sin descanso, no sé si sea por eso que estoy tan agotada que no tengo ganas de hacer nada. Quizás es por lo que viví en los últimos meses, que me sumieron en un estado... no alegre. No lo sé. Lo único de lo que estoy segura, es que si tengo amigos verdaderos, ellos vendrán a verme. Hace un rato me llamaron dos para salir mañana, otros me saludaron ayer por equivocación. Gracias a todos ellos.
Voy a ver una película. A ver si algo se me ocurre.
