Ahí estaba yo. En el centro de un amplio teatro shakespeariano, rodeada de luces y gritos de alabanza acompañados de intensos aplausos. Levanté la cabeza y cerré los ojos, extendí mis brazos en horizontal y me concentré en escuchar los aplausos.
Era idéntico, sólo que descuidado. Las paredes estaban sin pintura y los pisos sin losetas, la luz del sol entraba por las ventanas sucias y con vidrios rotos. Me asomé y vi el mar, luego el cielo anaranjado, rojo y azul. Era ideal.
Sentía que me giraba el piso y escuchaba gritar a la multitud. Se ponían de pie y lanzaban vítores.
Subí las escaleras e imaginé la mesa larga con seis sillas alrededor. Seguí avanzando y me imaginé ese salón lleno de espejos y hasta pude escuchar las indicaciones del profesor hacia sus alumnos.
Las luces cada vez eran más fuertes y sentía que me cegaban, aun con los ojos cerrados. Los gritos se hacían más fuertes y los aplausos también. El piso me daba vueltas y me dejaba ver a todos casi al mismo tiempo, sonriendo y aplaudiendo. Mis brazos se iban más arriba y mis ojos querían abrirse, lo pedían. Respiré profundo, aseguré mis pies en el suelo y me dispuse a abrir los ojos.
- ¿Crees que te darían la licencia? - la miré asintiendo, estaba segura de que lo lograría - Bajemos, primero veamos lo que sería la oficina y luego hablamos de esto. - me indicó la amable señora.
Hoy vi el lugar perfecto para mi oficina y, mejor aun, para mi teatro. ¿Les conté? Sueño con abrir uno propio. Y, mis estimados bloggers, hoy encontré el sitio perfecto; y lo mejor es que la dueña está totalmente interesada en hacer ese sueño realidad.
¿Será verdad tanta belleza? Ustedes, ¿qué dicen?
miércoles, 31 de diciembre de 2008
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